10 de septiembre
«Bendito serás en tu entrar, y bendito en tu salir.» Deuteronomio 28: 6.
Las bendiciones de la ley están vigentes. Jesús confirmó la promesa cuando soportó el castigo. Si yo guardo los mandamientos de mi Señor, puedo apropiarme de esta promesa sin ninguna duda. Hoy entraré a mi casa sin temer malas noticias, y entraré a mi aposento esperando oÃr buenas nuevas de mi Señor. No tendré temor de entrar en mi interior mediante un autoexamen, ni de revisar mis asuntos mediante una diligente inspección de mi actividad. Tengo mucho trabajo por hacer dentro de casa, dentro de mi propia alma; oh, anhelo una bendición en toda ella, la bendición del Señor Jesús, que ha prometido habitar en mÃ.
También debo salir. La timidez me orilla a desear quedarme adentro, y no salir nunca más al mundo pecador. Pero debo salir para cumplir con mi llamado, y debo salir para poder ser útil a mis hermanos, y útil a los impÃos. Debo ser un defensor de la fe y un atacante de la impiedad. ¡Oh, anhelo una bendición para mi salir el dÃa de hoy! Señor, concédeme ir donde Tú me guÃes, y ocuparme en Tus asuntos, bajo Tus órdenes, y en el poder de Tu EspÃritu. Señor Jesús, entra conmigo y sé mi invitado; y luego sal conmigo, y haz que mi corazón arda, cuando hables conmigo en el camino.